Prólogo

 


 

(…) En Amacoy existe una sensualidad, un amor por la vida, una persistencia —de afectos, de admiración por la tierra de gracia— que obliga al lector a rendirse ante la voz de la autora.

Hay en este relato algo que trasciende el realismo tradicional. Milagros Mendoza nos ayuda a confrontar dos mundos, y curiosamente, el mundo del pasado, del ensueño, del sortilegio, triunfa sobre la realidad. Posee una cuota de heroísmo, de reto, de temeridad, imposible de encontrar en el presente.

La travesía de su protagonista tiene todos los atributos de una búsqueda. Hay escenas muy bellas y otras terribles, plagadas de vericuetos. Hay asesinatos, accidentes devastadores, enfer- medades malignas. Pero los lectores no se perderán en laberin- tos. O en el desconsuelo. Serán tutelados con la sapiencia de quien sabe explorar y amar la vida. Además, esta tarea cargada de incertidumbre tiene como guía a una dama muy sabia: la mujer elemento.

 

Mario Szichman

Guttenberg (New Jersey), 9 de noviembre de 2017 

 

 


 

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