Jardín de leche

Después de tanto besar esa cara desconocida aún tenía el sabor de sus lágrimas en mi boca, todavía sentía el olor de su sexo y escuchaba sus gemidos  cuando recorría  su cuerpo con mi lengua. Mi miembro se estremece  de placer al recordar cada momento  con ella  y quiere volver a poseerla.

Era alta,  rubia con los cabellos del color de esos trigales que solo veo en la tele, sus ojos me impresionaron eran grandes, verdes y tristes. Su piel era tan blanca que parecía de mentira, era como un jardín de leche con una flor amarilla.

Era bella, una señora madura, pero  muy bella, sola y triste.

Yo le di  lo que me pidió, consuelo y sexo ardiente.

Ella me dio más, aparte del dinero por el trabajo de jardinero y el otro agregado, me regaló una visión distinta de lo que puede hacer un emigrante en este  frío país. ¿Cuantas mujeres solas, tristes y  abandonadas por sus maridos habrán en este región, que anhelan un poco de compañía,  atención, cariño, y sexo sin ningún compromiso?.

 Ella, mi jardín de leche…supe desde el primer momento que era especial, su llanto de arrepentimiento, su timidez, asumo que fue la primera vez para ella que traicionaba y para mi también, que me envolvía en ese tipo de relación ¡pero  lo peor  fue que me enamoré!

Allí estaba en su coche saliendo de la alcaldía y me vió recortando la  grama seca. Vestía un jean y una camisa  negra– como yo– pensé.  No podía adivinar su edad. Se me acercó con una media sonrisa y me dijo en inglés si sabia de alguien que pudiera hacer el jardín de su casa, pues tenía mucho tiempo que no venía y estaba lleno de maleza.

Esa parte del sur de  España era una zona de vacaciones, una zona turística por excelencia.  Allí llegué después de muchos meses de estar en refugios para emigrantes, de las penurias de lanzarme al mar en una balsa, de  mas 1 mes de camino para llegar a Libia, de los traficantes de personas y sus mafias que me trajeron hasta España por el Mediterráneo.  Decidí salir de mi país, África y lanzarme a la aventura, Dejando a mi madre y mi hermana solas en Nigeria. Yo estudiaba en la universidad me faltaban dos años para graduarme de contador y abandoné todo por salir de la pobreza.

Aquí, solo soy  un negro, emigrante, sin dinero en un país extraño y con la tristeza del desplazado, buscando que hacer  y para más  enamorado de alguien imposible. ¡Espero que me dure poco!.

Nunca supe su nombre, la llamaba ¨jardín de leche¨, ni ella supe el mío, seguro que me llamaba ¨el emigrante o el negro jardinero¨.

 Traté de comunicarme  muchas veces, nunca respondió su teléfono, pero me mostró un vergel desconocido y  otro camino…

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