La mujer elemento

 

 

 

Yo, la mujer elemento. 

El aire, últimamente, ha señalado mi vida. Me desplazo de un continente a otro a través del aire. Cambio de mundo, de gente, de amigos, de familia. Llego a un nuevo destino que se me hace extraño y comienzo a pensar en lo que dejé. Abro las gavetas buscando cosas que no encuentro porque no están ahí, se quedaron atrás. 

El aire, el aire que respiro, también cambia, de contaminado a aire puro, del aire acondicionado al aire del mar. Hasta mis pulmones tienen que hacer el esfuerzo, se tienen que acostumbrar a respirar otro aire. 

Solo siguen igual mi soledad, mi desarraigo, mi necesidad de no pertenecer a nadie, ni a nada, ni a ningún país. El tener que acostumbrarme rápidamente al lugar donde estoy perdida entre mis propias cosas ajenas, en ese momento… 

Pero también he sido mujer de agua, por un tiempo. 

Siempre he disfrutado la sensación de calma que me produce un río, me gusta dejarme llevar por su corriente. El agua fue muy importante en un momento de mi vida. Nací a la orilla de ese río exuberante, el Orinoco, y esa sensación de pertenecer al agua no me abandona. Cambié el agua dulce por agua salada y el mar se convirtió en mi amante. Hasta un hijo tuve de él. 

Los elementos han dominado mi existencia. Una vez fui selva virgen, tierra fértil y cuando estoy en ella siento la energía que sube a través de mis pies y recorre mi espina vertebral dándome una energía sobrenatural y me convierto en árbol, o me transfor- me rodea. ¡Soy tierra! 

En otra etapa fui fuego puro, la pasión me consumía. Todavía afloran esas brasas encendidas para decirme que no se han apagado, que el fuego sigue en mis entrañas

Pero ahora solo soy viento, viento del norte. 

 

 

Fuerteventura, España

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Panel 1

 

 

Prólogo

 


 

(…) En Amacoy existe una sensualidad, un amor por la vida, una persistencia —de afectos, de admiración por la tierra de gracia— que obliga al lector a rendirse ante la voz de la autora.

Hay en este relato algo que trasciende el realismo tradicional. Milagros Mendoza nos ayuda a confrontar dos mundos, y curiosamente, el mundo del pasado, del ensueño, del sortilegio, triunfa sobre la realidad. Posee una cuota de heroísmo, de reto, de temeridad, imposible de encontrar en el presente.

La travesía de su protagonista tiene todos los atributos de una búsqueda. Hay escenas muy bellas y otras terribles, plagadas de vericuetos. Hay asesinatos, accidentes devastadores, enfer- medades malignas. Pero los lectores no se perderán en laberin- tos. O en el desconsuelo. Serán tutelados con la sapiencia de quien sabe explorar y amar la vida. Además, esta tarea cargada de incertidumbre tiene como guía a una dama muy sabia: la mujer elemento.

 

Mario Szichman

Guttenberg (New Jersey), 9 de noviembre de 2017 

 

 


 

Panel 2
Mi delta del Orinoco es el mismo que Cristóbal Colón,
en su tercer viaje, descubrió 
y llamó Tierra de Gracia.
 ¡Esa es mi tierra,
esa inmensidad de agua que desemboca en el mar! 

Panel 4

 

 

“Esa jungla me atraía cada vez más.
Sentía que era mi alma ancestral de india la que me llamaba.
Una fuerza superior me arrastraba a esos peligros”